Desde que nacemos, comenzamos a construir un personaje que nos permite encajar en el mundo. Este personaje, al principio, es una herramienta de supervivencia, una máscara que adoptamos para ser aceptados por nuestros padres, familia y amigos. Nos adaptamos a las expectativas externas, buscando aprobación y evitando el rechazo. Sin embargo, con el tiempo, este personaje se convierte en algo tan arraigado en nuestra identidad que llegamos a creer que realmente somos él.
El primer gran trauma que vivimos es la separación de la madre al nacer. Desde ese momento, nos vemos inmersos en un mundo donde la aceptación exterior se vuelve clave. Así, construimos un Falso Yo, una personalidad que actúa como escudo protector ante el dolor, los juicios y las críticas. Sin darnos cuenta, nos identificamos tanto con esta versión de nosotros mismos que olvidamos quiénes somos realmente.
Vivimos en piloto automático, repitiendo patrones aprendidos que nos alejan de nuestra verdadera esencia. En este estado, el ego toma las riendas de nuestras decisiones y nos sumerge en dinámicas de victimismo, miedo, egocentrismo, culpa y falsedad. El ego no es más que un mecanismo de defensa, una voz que nos dice lo que debemos hacer sin considerar nuestras necesidades profundas.
La importancia de la reconexión interna
El ego forma parte de nosotros y no podemos eliminarlo, pero sí podemos aprender a observarlo sin dejarnos dominar por él. Para ello, es fundamental desarrollar la escucha interior. Cuando nos detenemos a observar nuestros pensamientos y emociones, podemos identificar cuándo es el ego quien habla y cuándo es nuestra verdadera esencia. Reconocer a ese personaje que hemos construido nos permite comprender sus motivaciones y liberarnos de su dominio.
A veces, solo un evento traumático o una ruptura drástica con la realidad nos obliga a mirar hacia adentro. En esos momentos de crisis, cuando el exterior deja de ser un punto de referencia, tenemos la oportunidad de reconectar con nuestro ser auténtico. Si en lugar de resistirnos al cambio nos abrimos a la experiencia, podemos descubrir quiénes somos realmente.
Del ego a la autenticidad
El camino hacia la reconexión interna es un proceso de autodescubrimiento. Cuando logramos serenidad y conectamos con nuestra esencia, dejamos de perturbarse por lo que sucede a nuestro alrededor. Comprendemos que las circunstancias externas no definen nuestra paz interior. Aceptamos la realidad sin juzgarla y encontramos en cada experiencia una lección valiosa.
Es en este punto donde trascendemos el ego y comenzamos a vivir desde el ser. Desde un estado de amor, respeto y autenticidad. El verdadero propósito no es eliminar el ego, sino aprender a convivir con él sin que nos gobierne. Cuando logramos esta integración, nos alineamos con nuestra verdadera naturaleza y experimentamos una conexión genuina con nosotros mismos y con el universo.
La reconexión con nuestro ser de luz no es un destino, sino un viaje continuo. Un camino en el que aprendemos a soltar las máscaras, abrazar nuestra vulnerabilidad y vivir desde la autenticidad. Y en este proceso, nos damos cuenta de que no necesitamos ser aceptados por los demás, porque ya somos completos tal como somos.